Casa Victoria es un alojamiento rural instalado en una casa del siglo XIX, que conserva su estructura de madera original, situada en la plaza del pueblo de Cirueña, en pleno Camino de Santiago. Es un negocio de trato familiar, muy vinculado a los peregrinos que recorren la ruta jacobea.
Ubicación de Casa Victoria
Se encuentra en la Plaza del Horno, frente a la báscula municipal y la parada de autobús de Cirueña, a solo 100 metros del Camino de Santiago y a unos 300 metros de un campo de golf. Santo Domingo de la Calzada está a unos 5 kilómetros, y el Monasterio de Cañas a 4 kilómetros.
El entorno está rodeado de robledales centenarios y pequeños lagos, ideal para rutas a pie o en bicicleta. A menos de 100 metros hay un bar-restaurante, y Logroño queda a unos 43 kilómetros.
Habitaciones
Casa Victoria ofrece 4 habitaciones, con capacidad de entre 8 y 13 personas en conjunto, de decoración rústica con muebles de estilo antiguo y techos con vigas de madera vistas. Hay habitaciones dobles con cama de matrimonio, dobles con dos camas individuales y una habitación individual; alguna cuenta con baño privado y otra con baño compartido, según la fuente.
Todas tienen calefacción central y televisión, y las habitaciones con baño privado incluyen también secador de pelo, sábanas y toallas.
Zonas comunes y desayuno
La casa dispone de una cocina-comedor equipada con frigorífico, lavadora, microondas y cafetera, pensada especialmente para el desayuno. Hay también un salón con chimenea y una terraza con vistas espectaculares a las montañas. Según alguna fuente, el desayuno se sirve en el cercano Albergue Victoria, gestionado por los mismos propietarios.
Aparcamiento y otros aspectos a tener en cuenta
Al estar en la plaza del pueblo, el aparcamiento resulta muy sencillo. No se admiten mascotas, no se puede fumar en el interior y no hay cunas ni camas supletorias disponibles; los niños a partir de seis años pagan como adultos.
Las opiniones de los huéspedes son bastante dispares, aunque mayoritariamente destacan un trato muy cálido y hogareño, con anécdotas como ofrecer agua fresca a peregrinos agotados o cocinar su propia comida