Santo Domingo de Silos, entre monjes y vaqueros de Sad Hill
Actualizado por Roberto el 06/08/2026

El disco que hizo famoso a un monasterio
En 1993, una recopilación del canto gregoriano grabado por los monjes benedictinos de Silos se convirtió, contra todo pronóstico, en uno de los álbumes más vendidos del mundo, con cifras que superaron los seis millones de copias. Los propios monjes, ajenos a las listas de éxitos, siguieron con su rutina de oraciones en el mismo claustro donde se grabó aquel disco: hoy se les puede escuchar cantar en directo durante los oficios religiosos abiertos al público.
Un claustro que resume ocho siglos de piedra
El claustro del monasterio, con sus capiteles románicos tallados con escenas bíblicas y un artesonado mudéjar del siglo XIV en la planta superior, está considerado uno de los más importantes de Europa. No hace falta ser una persona religiosa para notar el cambio de ritmo al cruzar su puerta: es uno de esos sitios en los que, sin proponértelo, acabas caminando más despacio.
El desfiladero que hay que ver a pie
A las afueras del pueblo, el desfiladero de la Yecla se recorre por una pasarela metálica encajada entre paredes de roca de más de 100 metros de altura. Es un paseo corto, de apenas media hora, pero de los que se recuerdan: el desfiladero se estrecha tanto en algunos tramos que apenas entra la luz del día.
Cuando Silos se convirtió en el Salvaje Oeste
A pocos kilómetros, en un paraje conocido como Sad Hill, un grupo de voluntarios reconstruyó a mano el cementerio circular donde Clint Eastwood se batió en duelo en "El bueno, el feo y el malo". El contraste con el silencio del monasterio no podría ser mayor, y hoy es un pequeño peregrinaje propio para cinéfilos de todo el mundo.
Dónde alojarte
Los hoteles de Santo Domingo de Silos son, en su mayoría, casas familiares con pocas habitaciones, muchas veces instaladas en edificios de piedra que llevan generaciones en el pueblo. No esperes gimnasio ni piscina climatizada: lo que sí encontrarás es cocina casera con lechazo y morcilla de Burgos, y la posibilidad de acercarte en menos de una hora a las bodegas de la Ribera del Duero antes de volver a dormir en un pueblo donde, después de las diez de la noche, solo se oyen las campanas.
Qué ver en Santo Domingo de Silos