Briñas recibe al viajero como "la puerta de La Rioja", el primer pueblo con el que se topa quien entra en la región vinícola desde el norte, encaramado en una colina entre la Sierra de Toloño y la ribera izquierda del Ebro. Su reducido casco histórico concentra un patrimonio sorprendente para su tamaño: casas palaciegas de piedra bien conservadas, el impresionante puente gótico de sillería sobre el río, y el Humilladero del siglo XVII, donde antaño rezaban los reos camino de la horca. Los hoteles en Briñas incluyen desde palacios del siglo XVI reconvertidos en alojamientos con vistas al Ebro hasta casas rurales entre viñedos, todos a un paseo de las callejuelas empedradas del pueblo.
El alojamiento en Briñas es una opción magnífica para quien busca la tranquilidad de un pueblo pequeño sin renunciar a la capital del vino: Haro está a solo 3 kilómetros, y Santo Domingo de la Calzada, Miranda de Ebro o Laguardia quedan a un corto trayecto en coche. Además, por Briñas pasa tanto el Camino de Santiago del Interior como el sendero natural del Ebro (GR-99), lo que la convierte en un punto de partida perfecto para el senderismo, el enoturismo y el descanso entre viñedos.