Nalda creció, como tantos pueblos medievales, alrededor de un castillo: el que fuera sede del poderoso Señorío de los Cameros entre los siglos XIV y XIX, abandonado durante décadas hasta que unas excavaciones iniciadas en 2012 sacaron a la luz sus murallas, torreones y aljibe original. Hoy se puede visitar de forma gratuita, y desde su mirador se contempla uno de los paisajes más bellos del valle del Iregua, especialmente en abril, cuando los ciruelos en flor tiñen de blanco la vega durante la tradicional Fiesta de la Ciruela en Flor. Los hoteles en Nalda permiten alojarse junto a este patrimonio recuperado, cruzando a pie el Arco de la Villa que aún sobrevive de la antigua muralla defensiva.
El alojamiento en Nalda resulta muy conveniente para quien busca naturaleza y tranquilidad sin renunciar a la cercanía de Logroño, a solo 17 kilómetros, y para quien quiere explorar el valle del Iregua y las faldas del Moncalvillo, con sus rutas de senderismo y pequeñas bodegas familiares excavadas en el propio cerro del castillo. Es una base ideal para una escapada rural que combine historia medieval, naturaleza y gastronomía local.