Navarrete se abraza a la ladera del cerro Tedeón a solo 12 kilómetros de Logroño, y es, de todos los pueblos del Camino de Santiago en La Rioja, el único que conserva viva su tradición alfarera: varios talleres familiares siguen moldeando el barro frente a la portada románica del antiguo Hospital de San Juan de Acre, hoy trasladada a la entrada del cementerio. Su casco histórico, declarado Bien de Interés Cultural, se despliega en calles concéntricas alrededor de la Iglesia de la Asunción, cuyo retablo barroco es uno de los más notables de la región. Los hoteles en Navarrete aprovechan esa doble condición de villa jacobea y capital de la cerámica riojana para ofrecer un alojamiento tranquilo, a escasos minutos de Logroño pero con un carácter propio muy marcado.
El alojamiento en Navarrete conviene tanto al peregrino que busca una etapa con encanto antes o después de la capital riojana como al viajero que prefiere alojarse fuera del bullicio de una gran ciudad sin renunciar a su cercanía. Además de recorrer los talleres de alfarería y comprar piezas hechas a mano, quienes se alojan aquí tienen a tiro de piedra las bodegas y viñedos del valle del Ebro, lo que convierte a Navarrete en una base tan auténtica como práctica para descubrir esta parte de La Rioja.