Logroño se recorre con los cinco sentidos: el Camino de Santiago cruza su casco antiguo junto a la Concatedral de Santa María de la Redonda, y basta girar una esquina para toparse con la Calle Laurel, más de sesenta bares donde champiñones, foie y solomillo se sirven junto a una copa de Rioja. Elegir bien entre los hoteles en Logroño significa decidir cuánto de ese bullicio se quiere tener a la puerta: dormir en pleno casco histórico, a un paso del tapeo, o buscar el sosiego del cercano Parque del Ebro sin perder la conexión a pie con el centro.
El alojamiento en Logroño convierte a la capital riojana en la base perfecta para el enoturismo: desde aquí se accede en minutos a las bodegas centenarias de la Denominación de Origen Calificada Rioja, tanto las que abren sus puertas en la propia ciudad como las que salpican los pueblos de la Rioja Alta y la Rioja Alavesa. Ya se viaje para peregrinar, para descubrir el patrimonio del Camino o simplemente para comer y beber bien, Logroño ofrece la variedad de hoteles necesaria para que cada viajero encuentre su rincón ideal.